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Declaración Universal de la Dignidad Humana y el Florecimiento Mutuo
Preámbulo
Cuando los pueblos deben decir nuevamente quiénes somos, una familia humana dentro de un mundo vivo, el respeto por la humanidad exige que declaremos los principios por los cuales nos comprometemos: justicia sin excepción, paz sin pretensión, y un futuro en el que todos puedan florecer.
Artículo I — Sobre la Dignidad
Todos los seres humanos nacen con dignidad inherente. Esta dignidad no es otorgada por el estado, el mercado o la multitud; es nativa de la persona y vive en relación, con la familia, con la comunidad, con la Tierra que nos sustenta.
Artículo II — Sobre Derechos y Responsabilidades
La dignidad habla en dos voces. En una, reclama derechos: vivir con valor, hablar y elegir, estar seguro en cuerpo y sustento, participar en las decisiones que moldean los días propios, practicar cultura y espíritu sin temor, buscar bienestar en armonía con otros y con la naturaleza, ser escuchado cuando se es agraviado y ser reparado. En la otra, acepta responsabilidades: hacia uno mismo en honestidad, hacia la comunidad de buena fe, hacia las generaciones futuras en administración, y hacia la Tierra viva en moderación y cuidado.
Artículo III — Sobre Libertad y Pertenencia
El florecimiento humano necesita ambas. La libertad da espacio para llegar a ser; la pertenencia da el terreno para mantenerse firme. La autonomía sin solidaridad se corroe en indiferencia; la solidaridad sin autonomía se endurece en control. Elegimos ambas: la libertad de forjar un camino, y los vínculos que nos hacen lo suficientemente seguros para intentarlo.
Artículo IV — Sobre Gobernanza
La gobernanza legítima deriva su autoridad del consentimiento y participación de los gobernados, de su capacidad probada para salvaguardar la dignidad y el equilibrio ecológico, de la rendición de cuentas al presente y a los aún no nacidos, y del respeto por las formas plurales de vivir bien. Cuando un sistema se vuelve hostil a estos fines, cuando la opresión, explotación o ruina ecológica se convierten en su hábito, es el derecho y deber del pueblo reformarlo o reemplazarlo.
Artículo V — Sobre Historia y Reparación
Hablamos claramente: el mundo moderno se levanta sobre heridas, robo colonial, esclavitud, genocidio y exclusión sistemática. El reconocimiento no es suficiente. Nos comprometemos a reparar: abordar las desigualdades heredadas, honrar la administración indígena y las relaciones con la tierra, devolver lo que fue tomado y restaurar la autodeterminación, dar forma a economías que sirvan a las personas y al planeta en lugar de la extracción y el descarte.
Artículo VI — Sobre las Generaciones Futuras
Nos consideramos responsables ante aquellos que aún no pueden respondernos. Prometemos un planeta próspero y biodiverso; instituciones que perduren sin explotación; la preservación y el intercambio de conocimiento y cultura; fundamentos para la paz en lugar de ciclos de agravio; prueba en la práctica de que diferentes pueblos pueden vivir con respeto mutuo.
Artículo VII — Sobre Seguridad y Poder
La verdadera seguridad se construye, no se impone. Crece de la confianza, la ayuda mutua y las instituciones justas, nunca de la dominación. El poder debe estar limitado por la ley, moderado por la transparencia y redirigido hacia el bien común.
Artículo VIII — Sobre la Diferencia
La diferencia no es una amenaza sino una fortaleza. La diversidad de pensamiento, cultura y enfoque amplía lo posible. La unidad no necesita significar uniformidad; la concordia no necesita significar silencio. Discrepamos sin denigrar, deliberamos sin deshumanizar, y cooperamos donde la conciencia lo permite.
Artículo IX — Sobre Universalidad y Práctica
Estos principios son universales en espíritu y particulares en práctica. Ningún modelo único de gobernanza o economía se ajustará a cada lugar o pueblo. Cada comunidad debe traducir la dignidad en instituciones locales. El intercambio entre culturas es un regalo, no una demanda; la sabiduría se comparte, no se impone.
Artículo X — El Compromiso
Por lo tanto, nos comprometemos con la dignidad de cada persona sin excepción, con la sanación de heridas históricas, con la protección de nuestro hogar compartido, y con la construcción de sistemas en los que todos puedan florecer. Invitamos a todos los pueblos a unirse, no como seguidores de un camino, sino como compañeros en el trabajo difícil y esperanzador que tenemos por delante.
Esta declaración no es un fin sino un comienzo, una voz en una conversación continua sobre cómo la humanidad podría vivir con dignidad, justicia y cuidado por el mundo que compartimos.
Nota del Traductor
Esta traducción busca capturar tanto el significado literal como el espíritu del documento original. Se ha prestado especial atención a conceptos que resuenan profundamente en las culturas hispanohablantes, como "dignidad", "comunidad" y "tierra". El término "florecimiento" se usa para traducir "flourishing", evocando el desarrollo pleno tanto individual como colectivo.